IMAGINACIÓN AL PODER, O EL PODER DE LA IMAGINACIÓN

  Esbozo que hice hace un tiempo atrás, imaginando monstruos para un proyecto .

Esbozo que hice hace un tiempo atrás, imaginando monstruos para un proyecto.

La imaginación. Ese espacio o verdad alternativa que es tan real cuando somos pequeños y que rara vez sobrevive a la adultez.
Por que imaginar cosas juega con tus emociones, con lo que crees que es verdad y no, y en este mundo lleno de decepciones constantes, uno cree por su bien que es mucho mejor si no alberga ilusión por algo desde un principio.

Pero hablemos de otro tipo de esperanza, la de ver las cosas de otra forma, con ojos llenos de optimismo y luz. Es otra forma de imaginación: la de las historias. La de cuando en una sala de espera del médico te imaginabas sentado en un barco enorme, mirándo por la borda y viendo sirenas a lomos de delfines. La de cuando jugabas con la fregona a que era un príncipe encantado y bailabas vestida de gala. La de cuando en las horas del recreo sola, imaginabas que ese rincón de tu colegio donde crecían hierbas salvajes a mansalva era en verdad un mar lleno de olas y a tu lado revoloteaban hadas, duendes y demás seres.
¿O solo me pasaba a mi?
Esos momentos, en aquellos rincones especiales, hacían de ese mundo tan complicado y a veces tan triste, algo mejor. Sí, la imaginación podía ser una vía de escape, pero también creo que era de valientes porque se trataba de imaginar un mundo mejor, más justo, menos gris.

¿Y por qué la imaginación a penas sobrevive cuando crecemos?

Cuando empecé a estudiar arte, y tres años después en ilustración, me di cuenta de que cualquier intento de pensar más allá de mi realidad era una tarea casi imposible. Algo me había ocurrido por el camino.

Me dijeron que tenía que madurar. Y madurar significa, en el mundo de los adultos, dejar de imaginar. Vaya, un poco como Peter Pan en la tierra de Nunca Jamás.

Así que dejas de creer en la posibilidad de que exista todo aquello que veías tan real. De que eres un pirata guerrero, de que hay nobleza en ti, de esos mundos imaginarios. Y también te olvidas de creer en un mundo mejor.

En algunos esa capacidad acaba explotando y encontrando huecos por donde escapar, y ahí tenemos a los aficionados a la lectura, al cine y las series, a las historias que de algún modo nos ayudan a recuperar aquello que perdimos resignados, cuando tuvimos que entrar en el mundo de los adultos.

Os diré que volver a hacer funcionar el músculo de la imaginación ha requerido mucho tiempo y esfuerzo, y muchas horas de frustración teniendo que resolver y entregar proyectos que sabía que no eran originales ni decían nada interesante; y que al final no se ha tratado ni se trata de sentarme a pensar hasta que me quedo roja del esfuerzo, ni tampoco de consumir tal o cual substancia para liberar mi subconsciente.
Como dijo el gran Neil Gaiman en una entrevista en la que hablaba sobre la inspiración: “Para mí, la inspiración viene de un montón de lugares: de la desesperación, de los plazos de entrega… A menudo, las ideas aparecerán cuando estás haciendo otra cosa. Y, sobre todo, las ideas vienen de la confluencia; de dos cosas que fluyen a la vez. Vienen, esencialmente, de soñar despiertos. Y sospecho que eso es algo que todo ser humano hace. Los escritores suelen entrenarse para sentir cuándo han tenido una idea: no es que tengan más ideas o se inspiren más que el resto. Simplemente, notamos un poco más cuando eso ocurre”

Os recomiendo leer el articulo completo, aquí os lo dejo: http://www.yorokobu.es/los-consejos-neil-gaiman-escribir-alimentar-la-creatividad/

Como dice el bueno de Neil, soñar despiertos, imaginar, es algo que todos podemos hacer. Pero es una capacidad que solo algunos son capaces de recuperar, y muy pocos de entre estos entienden su verdadero potencial.
Dejaremos para otro día esa segunda parte y os hablaré de cómo tener un equilibrio en todas las áreas de mi vida, sobre todo en la espiritual, ha desbloqueado esa capacidad. Por ahora, hagamos ese ejercicio de poder convertir otra vez una pinza de tender la ropa en un cocodrilo terrible, o en una nave espacial.

¡Hasta pronto!